El tiempo corre. La gente corre en las grandes ciudades. ¿Hacia dónde? ¿Por qué? ¿Para qué? El niño quiere crecer cuando el anciano quiere retroceder.
A mis quince años me
dijeron: ¡Tenés toda la vida por delante!
y de repente me encontré con un marido y una hija corriendo detrás del
dinero. Sin dinero no podés alimentarte, sin dinero no podés vestirte, sin
dinero no podés acceder a una vida digna. Entonces había que trabajar y correr
detrás del tiempo para cumplir con las obligaciones. Correr detrás de los
horarios de los demás: escuelas, jefes, medios de transporte, comercios o
dependencias del Estado. Y la sociedad se apodera de tu tiempo.
La vida es tiempo y me
arrepiento de no haberla disfrutado durante mi juventud como hubiese querido,.
Gran parte de mis días me la pasaba tratando de cambiar a mis parejas como si
yo fuese una maga. Reclamaba y demandaba lo imposible. Fui esclava del tiempo,
hasta que pude construir, de a poquito, mi camino hacia la libertad. Mientras
tanto, mis hijos crecían. Hoy trato de no perder el recuerdo de su imagen
infantil, sus risas, sus voces y sus abrazos. Hoy trato de disfrutar cada
momento con esos seres, ya adultos, y el tiempo se detiene en esos pequeños
instantes.
El tiempo me robó a mis seres
queridos: tíos, primos y abuelos. Me sigue doliendo la muerte de cada uno de
ellos… y los extraño. Me subo a mi propia máquina del tiempo y trato de revivir
momentos que pasé con cada uno. Oigo sus voces, sus chistes y, sobre todo, siento
sus abrazos. La última vez que vi a mi abuela fue en su cumpleaños postrero. Yo
tenía diecinueve años. Me subió en su regazo y me dijo: Siempre vas a ser mi bebé. La última vez que abracé a mi prima
Raquel, yo tenía treinta y nueve y ella treinta y seis y sigo reviviendo
aquella mirada tan triste y tan hermosa. Repito: La vida es tiempo y me pregunto: ¿Quién se llevó a mi hermano?, ¿la vida o el tiempo? No presté
atención. Pensé que Dani iba a vivir para siempre.
Hoy me encuentro a mis
casi sesenta años y me detengo a pensar sobre el transcurso de mi vida. Fue un
suspiro. Me encantaría poder acordarme de muchas cosas más para poder
revivirlas, pero estoy viviendo aquí y ahora, disfrutando de mi propio futuro:
mis nietos. Cuando estoy con cada uno de ellos voy cargando recuerdos para mi
ancianidad.
Dicen que hay quince
minutos, antes de morir, donde pasan la vida y los seres queridos. Es lo único
que me quiero llevar.
Alejandra Busconi
10/7/2024
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