jueves, 23 de enero de 2025

¡Chau, viejita!

 



Me voy a quedar con los buenos recuerdos. Fuiste una luchadora incansable. Me dejás de regalo el don de la perseverancia. Y este último mes de vida la peleaste hasta el final. Esa cabeza tan lúcida...

Lo di todo para que estuvieras bien, para que me pongas un diez como hija. No sé si lo logré, porque a vos nada te alcanzaba, pero con tu agradecimiento me basta. Sé que soy una persona difícil y a veces malhumorada. Vos hiciste lo imposible para que me sintiera bien en tu hogar, ese hogar que se había destrozado cuando papá y Dani se fueron.

¡Viejita! ¿Con quien voy a hablar de política tan fervientemente? O de los chismorreos de la farándula. De las recetas ricas que queríamos preparar. No pude saborear los "chorizos a la pomarola" ¡Qué rico cocinabas! Y te gustaba comer, como a mí. 

Te perdono por todo y me perdono a mí misma por todo. Ya está. Lo malo quedó atrás. Me quedo con la Titina que, estando vulnerable por la mala salud, era una viejita linda. Mi mamá. Aquella con la que mirábamos novelas en mi infancia o comentábamos el programa de Lanata, nuestro héroe, estos últimos años. Te fuiste con él. Vos lo decías: "estamos en la misma condición".

Voy a extrañar esa energía imparable. Esa "bola de nervios" que nos mantenía vivos. No bajar los brazos, no darse por vencido, eran tus lemas. Cometiste muchos errores por querer llevarte el mundo por delante, pero después lavaste las culpas. Nadie te podía enfrentar. Nadie se atrevía.

¿Chau, viejita!

No me salió decirte "te quiero", pero en el fondo, sabías que si.


Mari Marietta (para vos)


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