viernes, 23 de mayo de 2025

¿Dónde está Dios?


Pido disculpas de antemano si a alguien le parecen ofensivas mis palabras.

Para mí la religión es una mentira. Primero porque está inventada por hombres-varones- y segundo, porque se han cometido atrocidades a lo largo de la historia, con todas esas fantasías.

 

Yo tendría cinco o seis años cuando mis amigos del barrio me advertían sobre las cosas que ese Dios tan malvado me haría si me portaba mal. Entraba a una iglesia y me daban terror las imágenes ensangrentadas y enormes que había alrededor de los bancos. En el momento en que todas mis amigas empezaron con el catequismo mi mamá me preguntó si quería tomar la comunión, yo le respondí rotundamente que no. A los diez años, empecé a no creer en nada de lo que los nenes me decían sobre Dios y el Diablo. Mis padres estaban un poco enojados con Dios.

 

Tuve una época en que me daba risa todo lo relacionado a las misas y oraciones. Me acuerdo que mis primas y yo entrábamos a la capilla de la vuelta de casa y había un montón de mujeres, vestidas de negro y con una mantilla en la cabeza, rezándole a la Virgen: Santa María madre de Dios… Dios te salve María…Santa María madre de Dios… las voces se superponían y llorábamos de la risa. Por esa época, Dani iba a los scouts y le encantaba. Lo ayudó a ser más independiente y disciplinado. Mis padres me preguntaron si quería ir, les dije que sí, pero tuve una malísima experiencia.

 

Cada vez creía menos, pero me encantaba festejar la Navidad porque era un momento de espiritualidad y unión junto a mi familia. Me gustaba mucho poner música clásica, al igual que en Pascua. Admiraba a Jesús, pero odiaba a Papá Noel, otro macho. A medida que iba creciendo, dudaba cada vez más. A los quince años entré a mi primer coro donde encontré a varias personas agnósticas y ateas.

En la adolescencia, leí a Niezstche y Hermann Hesse y me dio vuelta la cabeza. Pero realmente, cuando tomé consciencia del mundo en el que vivía, con la pobreza, las injusticias y la maldad, me dije a mí misma: un Dios no puede permitir estas aberraciones y me convertí definitivamente en atea.

 

Ateísmo significa la ausencia de la creencia en la existencia de las deidades. Me han dicho que es omnipotente tener esa creencia, que uno no puede resolver todo. Lo sé. Me volqué a la música, que fue mi religión durante mucho tiempo. La música me salvó la vida, me ayudó a salir de varias situaciones límite y mantuvo mi cabeza y mi alma llenas. Las mejores composiciones musicales de la historia, fueron compuestas a Dios, a Jesús y María.

 

Mi tío Oscar y yo hablábamos mucho de todo esto. Más tarde lo hice con Daniel. Teníamos un amigo muy creyente que iba a cenar a casa, algún sábado y nos pasábamos toda la noche hablando sobre religión. Terminábamos riéndonos porque él nos decía: me voy de acá con más fe en Dios, y nosotros todo lo contrario. En el año 1998, me fui con Daniel y los chicos, de viaje por toda la Patagonia y, como ya conté, fuimos al Parque Nacional Los Alerces, provincia de Chubut. La visita era caminando por un sendero a orillas del río Arrayanes. Todo era hermoso y, cuando llegamos a un paradero, se abrió un paisaje que parecía pintado por algo superior. Esa noche, le escribí una carta al tío Oscar y terminé diciéndole que algo divino había allí.

 

Hoy, estar en los grupos de autoayuda, me obliga a creer en un Poder Superior porque yo no puedo controlarlo todo. Un día, observando un pájaro haciendo su nido, me di cuenta de que la naturaleza es un Poder Superior: es perfecta y me brinda todo lo que necesito. Creo en el sol, que me abriga, el agua que me protege y la tierra que me da los alimentos. La naturaleza sabe cuándo enfadarse y cuándo brindarme la calma. Ahí está Dios.

 

Alejandra Busconi

21/5/2025

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