Para mí la religión es una
mentira. Primero porque está inventada por hombres-varones- y segundo, porque
se han cometido atrocidades a lo largo de la historia, con todas esas fantasías.
Yo tendría cinco o seis años cuando mis amigos del barrio me advertían
sobre las cosas que ese Dios tan malvado me haría si me portaba mal. Entraba a
una iglesia y me daban terror las imágenes ensangrentadas y enormes que había alrededor
de los bancos. En el momento en que todas mis amigas empezaron con el
catequismo mi mamá me preguntó si quería tomar la comunión, yo le respondí
rotundamente que no. A los diez años, empecé a no creer en nada de lo que los
nenes me decían sobre Dios y el Diablo. Mis padres estaban un poco enojados con
Dios.
Tuve una época en que me daba risa todo lo relacionado a las misas y
oraciones. Me acuerdo que mis primas y yo entrábamos a la capilla de la vuelta
de casa y había un montón de mujeres, vestidas de negro y con una mantilla en
la cabeza, rezándole a la Virgen: Santa
María madre de Dios… Dios te salve María…Santa María madre de Dios… las
voces se superponían y llorábamos de la risa. Por esa época, Dani iba a los scouts y le encantaba. Lo ayudó a ser
más independiente y disciplinado. Mis padres me preguntaron si quería ir, les
dije que sí, pero tuve una malísima experiencia.
Cada vez creía menos, pero me encantaba festejar la Navidad porque era
un momento de espiritualidad y unión junto a mi familia. Me gustaba mucho poner
música clásica, al igual que en Pascua. Admiraba a Jesús, pero odiaba a Papá Noel, otro macho. A medida que iba
creciendo, dudaba cada vez más. A los quince años entré a mi primer coro donde
encontré a varias personas agnósticas y ateas.
En la adolescencia, leí a Niezstche
y Hermann Hesse y me dio vuelta la cabeza. Pero realmente, cuando tomé
consciencia del mundo en el que vivía, con la pobreza, las injusticias y la
maldad, me dije a mí misma: un Dios no
puede permitir estas aberraciones y me convertí definitivamente en atea.
Ateísmo
significa la ausencia de la creencia en
la existencia de las deidades. Me han dicho que es omnipotente tener esa creencia,
que uno no puede resolver todo. Lo sé. Me volqué a la música, que fue mi
religión durante mucho tiempo. La música me salvó la vida, me ayudó a salir de
varias situaciones límite y mantuvo mi cabeza y mi alma llenas. Las mejores
composiciones musicales de la historia, fueron compuestas a Dios, a Jesús y
María.
Mi tío Oscar y yo hablábamos mucho de todo esto. Más tarde lo hice con
Daniel. Teníamos un amigo muy creyente que iba a cenar a casa, algún sábado y
nos pasábamos toda la noche hablando sobre religión. Terminábamos riéndonos
porque él nos decía: me voy de acá con
más fe en Dios, y nosotros todo lo contrario. En el año 1998, me fui con
Daniel y los chicos, de viaje por toda la Patagonia y, como ya conté, fuimos al
Parque Nacional Los Alerces, provincia de Chubut. La visita era caminando por
un sendero a orillas del río Arrayanes. Todo era hermoso y, cuando llegamos a
un paradero, se abrió un paisaje que parecía pintado por algo superior. Esa
noche, le escribí una carta al tío Oscar y terminé diciéndole que algo divino había allí.
Hoy, estar en los grupos de autoayuda, me obliga a creer en un Poder Superior porque yo no puedo
controlarlo todo. Un día, observando un pájaro haciendo su nido, me di cuenta
de que la naturaleza es un Poder Superior: es perfecta y me brinda todo lo que
necesito. Creo en el sol, que me abriga, el agua que me protege y la tierra que
me da los alimentos. La naturaleza sabe cuándo enfadarse y cuándo brindarme la
calma. Ahí está Dios.
Alejandra Busconi
21/5/2025