domingo, 3 de marzo de 2024

Mes de marzo, homenaje a Dani

 

El vengador

El parque del complejo de departamentos donde vivía con mi familia era muy grande, de calles de tierra, lleno de plantas y árboles, un hermoso lugar para jugar. Alrededor era casi todo campo y a dos cuadras había un grupo de casas muy humildes. Muy cerca había una chacra donde hoy está el Supermercado Jumbo, en la localidad de General San Martín y alguna que otra casa construida con esa piedra amarilla brillante, con arcada de ladrillos, típica de los años sesenta.

Dani, mi hermano con síndrome de Down, tiene dos años más que yo. Era un nene muy travieso, con su pelo lacio y el flequillo a lo Carlitos Balá. Siempre fue muy independiente: hacía compras, iba a la casa de mi abuela que vivía cerca, le gustaba andar en bicicleta, tirar piedritas a la zanja o subirse a los árboles. Yo iba con mis amigos a ese amplio parque, donde también había juegos, pero los pibes más grandes habían ocupado un espacio como potrero, donde jugaban al futbol y venían de todas partes – la recuerdo a mi mamá gritándoles que se fueran, a la hora de la siesta- Entre ese grupo de grandulones había dos hermanos, uno mucho mayor que nosotros y el otro, de nuestra edad, era un pibe malo, roñoso y peleador. Se llamaba Carlitos y venía de aquellas casas humildes. Cada vez que pasaba a mi lado me decía Ahí va la hermana del mongo, a toda hora que me encontrara y en cualquier momento del día. Yo volvía a casa llorando y le contaba a mi mamá. Ahí va la hermana del mongo, repetía este pibe que además de bizco, su padre estaba en la cárcel y su madre era una mujer gritona, desgreñada y también sucia. Me tenía cansada, esa palabra me dolía, una espantosa costumbre que aún hoy la escucho y me sigue golpeando las entrañas.

Un día, supongo que tendríamos nueve y once años, Dani salió a andar en bicicleta. Se fue a dar la vuelta larga, como le decíamos nosotros porque había tardado más de lo normal. A su regreso nos contó: Lo vi a Carlitos, que también estaba andando en bici como yo, lo seguí, lo seguí por todo el barrio y después lo alcancé. Me bajé de la bici y le di una piña muy fuerte. Lo aplaudimos, nos reímos, lo felicitamos porque me había defendido. Carlitos... no me molestó nunca más.

 Alejandra Busconi

13/10/2020

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