martes, 16 de julio de 2024

El hincha más puro

 


Dani tenía dos camisetas cuando era chico: una de Boca Juniors y la otra de River Plate. Boca ganaba la copa local, entonces él era de Boca todo el año y cuando ganaba River, se ponía la camiseta roja y blanca. Un día, mamá le pidió que se decidiera y optara solo por un equipo, entonces se hizo de Independiente como papá.

Para el Mundial de 1978 Dani tenía quince años. Coleccionaba las figuritas, le compraron el simple de la canción oficial y pegaba en las paredes de su habitación todos los posters de la selección argentina que le regalaban. Fue un mundial inolvidable. Dani sintió verdadera pasión en cada partido: cada movimiento y cada jugada, los sentía propios. También sus festejos y enojos. Vivió cada partido como si hubiera estado dentro de la cancha. Repetía las palabras del Director Técnico, aceptaba los cambios en el partido y hablaba con amor de cada uno de aquellos seres humanos que pateaban la pelota. No presentaba objeciones. 

A Dani le compraban la revista El Gráfico todas las semanas. Las leía y releía y su memoria retenía vida y obra de los veintidós jugadores de la selección. Argentina llegó a la final con Holanda: El que no salta es holandés, cantaba Dani. Holanda era el enemigo. Argentina tenía que ganar para salir campeón. El partido terminó uno a uno. Fueron al alargue. Nervios, pasión, confianza, era lo que Dani sentía en ese momento. Él siempre apostaba a ganar. El segundo gol fue de Bertoni, su ídolo máximo, porque era de Independiente, y el gol del triunfo, de Mario Alberto Kempes. Argentina salió campeón por primera vez. Dani estaba feliz. Aquel día, después de ir a festejar, papá le relató paso a paso el segundo gol de Daniel Bertoni, su tocayo: le hicieron el pase a Kempes, Mario avanzó al arco para hacer el gol y Bertoni lo agarró del brazo y le dijo “dejámelo a mí” y como un dúo de baile, Daniel hizo el gol.  Dani amaba esa escena, su sonrisa era como la de Kempes y Bertoni después del gol, cada vez que la recordaba.

Para el año 1986, su amor incondicional por los nuevos jugadores y su Maradona querido, continuó de la misma manera. Nuevamente la felicidad: el triunfo a los ingleses, la mano de Dios y el desborde emocional de Argentina bicampeón. Le siguieron comprando El Gráfico. Su memoria guardaba todas y cada una de las jugadas y goles de todos los partidos. 

Apareció Messi en su vida. Cada cuatro años, Dani seguía apostando a ganar. Sufría y se enojaba con el enemigo, cuando no podíamos ser campeones. Como le pasaba a Messi. Quedaba amargado por ser subcampeón, como Messi; apenas terminaban las finales, empezaba una nueva ilusión, como Messi. Argentina ganó muchos torneos: Copa América, Panamericanos, Olimpíadas, pero nunca más un mundial. Treinta y cinco años pasaron y Dani seguía añorando y deseando volver a ver a su selección en el primer puesto. No importaba el DT ni de qué equipo venían los jugadores. Cada año recordaba aquel gol del triunfo: ¡Dejámelo a mí!, repetía con esa sonrisa de emoción que lo caracterizaba.

Dani murió un mes antes de que la selección argentina saliera campeón de América en el 2021. No pudo ver a Argentina campeón del mundo 2022. Hoy, a tres años de su partida, otra vez ganamos la Copa América. Su sonrisa de niño flota en las canchas. Su energía recorre la tierra argentina. Queda el ejemplo de un fan sincero, puro, respetuoso del que lleve la camiseta celeste y blanca… o azul, como aquella camiseta a él más le gustaba.

 

 

 

 

viernes, 12 de julio de 2024

Vida o Tiempo

 


El tiempo corre. La gente corre en las grandes ciudades. ¿Hacia dónde? ¿Por qué? ¿Para qué? El niño quiere crecer cuando el anciano quiere retroceder.

A mis quince años me dijeron: ¡Tenés toda la vida por delante! y de repente me encontré con un marido y una hija corriendo detrás del dinero. Sin dinero no podés alimentarte, sin dinero no podés vestirte, sin dinero no podés acceder a una vida digna. Entonces había que trabajar y correr detrás del tiempo para cumplir con las obligaciones. Correr detrás de los horarios de los demás: escuelas, jefes, medios de transporte, comercios o dependencias del Estado. Y la sociedad se apodera de tu tiempo.

La vida es tiempo y me arrepiento de no haberla disfrutado durante mi juventud como hubiese querido,. Gran parte de mis días me la pasaba tratando de cambiar a mis parejas como si yo fuese una maga. Reclamaba y demandaba lo imposible. Fui esclava del tiempo, hasta que pude construir, de a poquito, mi camino hacia la libertad. Mientras tanto, mis hijos crecían. Hoy trato de no perder el recuerdo de su imagen infantil, sus risas, sus voces y sus abrazos. Hoy trato de disfrutar cada momento con esos seres, ya adultos, y el tiempo se detiene en esos pequeños instantes. 

El tiempo me robó a mis seres queridos: tíos, primos y abuelos. Me sigue doliendo la muerte de cada uno de ellos… y los extraño. Me subo a mi propia máquina del tiempo y trato de revivir momentos que pasé con cada uno. Oigo sus voces, sus chistes y, sobre todo, siento sus abrazos. La última vez que vi a mi abuela fue en su cumpleaños postrero. Yo tenía diecinueve años. Me subió en su regazo y me dijo: Siempre vas a ser mi bebé. La última vez que abracé a mi prima Raquel, yo tenía treinta y nueve y ella treinta y seis y sigo reviviendo aquella mirada tan triste y tan hermosa. Repito: La vida es tiempo y me pregunto: ¿Quién se llevó a mi hermano?, ¿la vida o el tiempo? No presté atención. Pensé que Dani iba a vivir para siempre.

Hoy me encuentro a mis casi sesenta años y me detengo a pensar sobre el transcurso de mi vida. Fue un suspiro. Me encantaría poder acordarme de muchas cosas más para poder revivirlas, pero estoy viviendo aquí y ahora, disfrutando de mi propio futuro: mis nietos. Cuando estoy con cada uno de ellos voy cargando recuerdos para mi ancianidad.

Dicen que hay quince minutos, antes de morir, donde pasan la vida y los seres queridos. Es lo único que me quiero llevar.

 

Alejandra Busconi

10/7/2024

 

Encuentro en las sierras

  Se dirige hacia el río a paso lento pero ágil. Le gusta tocar el pasto con los pies. Nadie la ve descalza. Las hermanas franciscanas están...