Mamá siempre cuenta que, cuando yo iba al jardín, no me gustaba ir a ningún cumpleaños. Dice que llegábamos a la casa de mi amiguito o amiguita y después de un largo viaje en colectivo le decía: No quiero entrar. Los recuerdos sobre mis cumpleaños son a través de algunas fotos y esas fotos me hacen revivir lo que sentía en ese momento.
La primera que recuerdo es
una de mi cumpleaños número cinco. Estaba bailando al lado del tocadiscos, haciendo un paso Beat, que practicaba con los programas de
televisión los sábados por la tarde. Sonreía, con mis pies en movimiento. Recuerdo una intensa emoción. Tenía puesta ropa nueva: la minifalda azul con una tabla y
una camisita blanca de mangas largas, zapatos guillermina lustrados y medias can
can. Tenía el pelo largo hasta la cola,
mi tesoro más preciado. Un cumpleaños con muchos vecinos de todas las edades y
mis primas.
La segunda foto es de mi
cumpleaños número siete. Una hilera de chicos pegados a la pared, haciendo un
juego con un payaso que también hacía magia. Lo que recuerdo de ese cumpleaños
es que un rato antes de la hora del festejo, mi mamá y mi papá estaban preparando
la decoración en el comedor, inflando globos y yo sentada en una silla
diciéndoles: ¿Y si no viene nadie?,
era el pequeño terror que me atrapaba un minuto antes de que llegaran los chicos. Ese
día no faltó nadie. Eran como veinticinco, entre vecinos y compañeros de
colegio.
La tercera foto es de cuando cumplí ocho, el
cumpleaños más feliz de mi vida. Yo estaba sentada mirando una función de títeres que
habían preparado mis tíos. Mi prima Paula, con apenas dos añitos, estaba subida
encima de mí. Hacía muy
poco que la conocía porque mi mamá y mi tía se habían peleado y habían estado
dos años sin hablarse ni verse. La fiestita la animaban ellos mismos, Amanda y Oscar, los hippies, que confeccionaban los títeres e interpretaban
obras en las escuelas. Ese día no me importó la ropa ni la cantidad de chicos, me
brotaba una dicha inexplicable porque tenía a mis tíos de vuelta.
Durante los cumpleaños de
mi infancia, los amigos, la música y la ropa nueva de cada año, me producían
mariposas en la panza, además de ver a mis padres sonriendo todo el tiempo y a mi hermano,
pegado a mí, haciendo sus monerías. Fueron buenas épocas.
24/11/2021