jueves, 23 de enero de 2025

¡Chau, viejita!

 



Me voy a quedar con los buenos recuerdos. Fuiste una luchadora incansable. Me dejás de regalo el don de la perseverancia. Y este último mes de vida la peleaste hasta el final. Esa cabeza tan lúcida...

Lo di todo para que estuvieras bien, para que me pongas un diez como hija. No sé si lo logré, porque a vos nada te alcanzaba, pero con tu agradecimiento me basta. Sé que soy una persona difícil y a veces malhumorada. Vos hiciste lo imposible para que me sintiera bien en tu hogar, ese hogar que se había destrozado cuando papá y Dani se fueron.

¡Viejita! ¿Con quien voy a hablar de política tan fervientemente? O de los chismorreos de la farándula. De las recetas ricas que queríamos preparar. No pude saborear los "chorizos a la pomarola" ¡Qué rico cocinabas! Y te gustaba comer, como a mí. 

Te perdono por todo y me perdono a mí misma por todo. Ya está. Lo malo quedó atrás. Me quedo con la Titina que, estando vulnerable por la mala salud, era una viejita linda. Mi mamá. Aquella con la que mirábamos novelas en mi infancia o comentábamos el programa de Lanata, nuestro héroe, estos últimos años. Te fuiste con él. Vos lo decías: "estamos en la misma condición".

Voy a extrañar esa energía imparable. Esa "bola de nervios" que nos mantenía vivos. No bajar los brazos, no darse por vencido, eran tus lemas. Cometiste muchos errores por querer llevarte el mundo por delante, pero después lavaste las culpas. Nadie te podía enfrentar. Nadie se atrevía.

¿Chau, viejita!

No me salió decirte "te quiero", pero en el fondo, sabías que si.


Mari Marietta (para vos)


jueves, 9 de enero de 2025

La decisión correcta


 


Después de mi crisis del año 2011, me anoté en la Universidad de Tres de Febrero para estudiar la carrera de Licenciatura en Música. El curso de ingreso duraría todo el mes de marzo y comenzaría la carrera en abril del año 2012. Cuando empecé, estaba feliz. Tenía afinidad con algunas compañeras con las que hice un par de trabajos y estaba muy conforme con los profesores. No iba a tener instrumento, que siempre fue tedioso para mí.

Ir a la universidad y estudiar por fin la carrera que tanto había deseado, era mi sueño. Me quedaba cerca, mis hijos ya eran grandes y con el trabajo no tenía problemas. Cursaba tres veces por semana. Los martes tenía muchas horas de lenguaje musical y salía bastante tarde, pero estaba dispuesta a hacer ese sacrificio. No estaba en un buen momento anímico y emocional, puse voluntad y decidí pensar en mí y solo en mí.

A dos semanas de haber comenzado, recibí un llamado telefónico: era el director de coros con el que yo anhelaba cantar: Juan Picarel, el músico que había tenido el coro más hermoso que yo había escuchado. Hacía unos años, yo lo había llamado para formar parte de su grupo, pero se estaba disolviendo en aquel momento.

Juan me convocó para formar parte de un coro nuevo. Me consideré la persona más afortunada del mundo porque un director de tal calidad me había elegido. No podía creerlo, me sentí halagada y orgullosa de mí misma. Pero había un problema, los ensayos serían los martes. ¿Cómo iba a hacer con la facultad? ¡Se superponía el día! No podía faltar a la materia más importante de la carrera, no había chance de cambiar el día. 

Llamé a mi hijo y le dije que necesitaba hablarle con urgencia por un tema muy importante. Abel es una persona muy observadora y da buenos consejos. Ve los problemas desde afuera y empatiza con los demás. Entonces, en ese momento, era el indicado para ayudarme con la decisión.

Estuve toda una tarde charlando con él y exponiéndole por qué era tan importante cantar en ese coro. Entonces Abel me dijo algo muy sabio para mí: Tu objetivo en esta vida es hacer música. Te hace bien, ¿no?, es tu pasión. Y yo lo interrumpí: Es mi religión. Entonces hacé lo que te haga más feliz.

El día que llegué al primer ensayo no podía creer que estuviese allí, rodeada de profesionales: cantantes de excelente nivel, profesores, directores y estudiantes de la UCA de la carrera de dirección coral. Me sentía en las nubes. Juan explicó por qué había elegido a cada uno y cuando llegó mi turno dijo: Elegí a Alejandra porque el grupo vocal al que ella pertenecía hacía la mejor versión, que yo haya escuchado, de una canción de Silvio Rodríguez. Sumamente emotiva y expresiva. ¡Qué hermosas palabras! Había dado frutos toda mi experiencia y mi trabajo de tantos años con la música. Me quedé en ese coro por diez años. Me ayudó a entrenarme musicalmente y conocí gente maravillosa.

Tuve la intención de volver dos veces a la universidad, pero no me convenció el programa. Fue cambiando mucho y hoy es una carrera de instrumentos autóctonos que no me interesa. Puedo asegurar que aquel año tomé la decisión correcta.


Alejandra Busconi 4/12/2024

Encuentro en las sierras

  Se dirige hacia el río a paso lento pero ágil. Le gusta tocar el pasto con los pies. Nadie la ve descalza. Las hermanas franciscanas están...