Después de mi crisis del
año 2011, me anoté en la Universidad de Tres de Febrero para estudiar la
carrera de Licenciatura en Música. El curso de ingreso duraría todo el mes de
marzo y comenzaría la carrera en abril del año 2012. Cuando empecé, estaba feliz. Tenía afinidad
con algunas compañeras con las que hice un par de trabajos y estaba muy conforme con los profesores. No iba a
tener instrumento, que siempre fue tedioso
para mí.
Ir a la universidad y
estudiar por fin la carrera que tanto había deseado, era mi sueño. Me quedaba cerca, mis hijos ya eran grandes y con el
trabajo no tenía problemas. Cursaba tres veces por semana. Los martes tenía
muchas horas de lenguaje musical y salía
bastante tarde, pero estaba dispuesta a hacer ese sacrificio. No estaba en un buen momento anímico y
emocional, puse voluntad y decidí pensar en mí y solo en mí.
A dos semanas de haber comenzado, recibí un llamado
telefónico: era
el director de coros con el que yo anhelaba
cantar: Juan Picarel, el músico que había
tenido el coro más hermoso que yo había escuchado.
Hacía unos años, yo lo había llamado para formar parte de su grupo, pero se estaba disolviendo en aquel momento.
Juan me convocó
para formar parte de un coro nuevo. Me consideré la
persona más afortunada del mundo porque un director de tal calidad me había
elegido. No podía creerlo, me sentí halagada y orgullosa de mí misma. Pero
había un problema, los ensayos serían los martes. ¿Cómo iba a hacer con la facultad? ¡Se superponía el día! No
podía faltar a la materia más importante de la carrera, no había chance de cambiar
el día.
Llamé a mi hijo y le dije
que necesitaba hablarle con urgencia
por un tema muy importante. Abel es una
persona muy observadora y da buenos consejos. Ve los
problemas desde afuera y empatiza con los demás. Entonces, en ese
momento, era el
indicado para ayudarme con la decisión.
Estuve toda una
tarde charlando con él y exponiéndole por qué era tan importante cantar en ese
coro. Entonces Abel me dijo algo muy sabio para mí: Tu objetivo en esta vida es hacer música. Te hace bien, ¿no?, es tu
pasión. Y yo lo interrumpí: Es mi
religión. Entonces hacé lo que te
haga más feliz.
El día que llegué
al primer ensayo no podía creer que estuviese allí, rodeada de profesionales:
cantantes de excelente nivel, profesores, directores y estudiantes de la UCA de
la carrera de dirección coral. Me sentía en las nubes. Juan explicó por qué
había elegido a cada uno y cuando llegó mi turno dijo: Elegí a Alejandra porque el grupo vocal al que ella pertenecía hacía la
mejor versión, que yo haya escuchado, de una canción de Silvio Rodríguez.
Sumamente emotiva y expresiva. ¡Qué hermosas palabras! Había dado frutos
toda mi experiencia y mi trabajo de tantos años con la música. Me quedé en ese
coro por diez años. Me ayudó a entrenarme musicalmente y conocí gente
maravillosa.
Tuve la intención
de volver dos veces a la universidad, pero no me convenció el programa. Fue
cambiando mucho y hoy es una carrera de instrumentos autóctonos que no me
interesa. Puedo asegurar que aquel año tomé la decisión correcta.
Alejandra Busconi 4/12/2024