domingo, 24 de marzo de 2024

El policía

 




El policía

 Yo tenía dieciséis años cuando vestía polleras y vestidos largos y coloridos. Usaba el pelo muy largo y una vincha en la frente, también collares de mostacilla y pulseras de cuero. Nadie se vestía así, y estaba mal visto. El país padecía la dictadura militar que duró siete años, y la policía perseguía a los chicos con pelo largo y a las chicas con ropas raras. A mis amigos y a mí nos detuvieron un par de veces porque los menores no podían estar en la calle después de las doce de la noche, por el toque de queda. También nos corrían a la salida de los recitales.

Yo vivía en Villa Ballester. Un día, iba sola cruzando Avenida general Paz y San Martín hacia mi casa. En esa época sobre el puente había una parada policial. Me detuvo un policía: ¿Qué hacés vestida así?, me preguntó. Yo me paralicé. Todavía no estaba muy consciente de lo que realmente hacía la policía con los desaparecidos o el robo de bebés, lo único que sabía era que nos perseguían.  El policía estaba solo y me hizo entrar en aquella oficina, y me llevó al fondo, un lugar oscuro y tétrico. Yo estaba muerta de miedo. Vos te drogas, ¿no?, me dijo. Yo le respondí que no. ¡Dale! ¡Ustedes se la dan por todos lados! A ver, levántate el pullover. Yo hice lo que me ordenó, pero por supuesto me lo levanté solo un poco. ¡Más arriba!... ¡Más arriba!, repetía con una sonrisa siniestra. ¡Ahora levántate el corpiño!, y yo inocentemente lo hice. Estaba a punto de largarme a llorar. No me tocó, pero siguió: También se la dan ahí abajo. Cuando me dijo eso, no lo hice, y con la voz entrecortada le dije que me dejara ir, que yo no era drogadicta, que tenía un hermano con Síndrome de Down al que tenía que cuidar, y que vivía con mi abuela. No sé cómo salieron esas palabras de mi boca. El policía se quedó callado un momento y me dijo: Bueno, te podés ir, y cuando estaba saliendo por la puerta agregó con sarcasmo: Saludos a tu hermano… y a tu abuela. Yo me sonreí y le dije: GraciasUn año más tarde, cuando me enteré todo lo que la policía les hacía a los detenidos desaparecidos, recordé a ese maldito personaje. Cuando vi las fotos de todos los bebés que se habían robado, mi odio hacia ellos creció aún más. 

Fueron seres despreciables para mí, que habían estudiado la tortura de los nazis, y mataban a piacere. Hoy en día no me dan miedo. Los veo a diario en la calle, y no saben qué hacer cuando hay un altercado, o una pelea. No están cuando la gente los necesita. Se la pasan adentro de los patrulleros mirando Tik Tok, y si tienen que cuidar el orden, no tienen ni idea de cómo hacerlo. Me tocó ver un par de episodios, y realmente me dio lástima su proceder. Lamentablemente tienen un pésimo entrenamiento.

 

Alejandra Busconi

24/8/2023

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