De la mano
Voy caminando por la vereda con mamá y le agarro la mano. Veo lo alta que ella es y lo lejana que parece. Mamá siempre está con el pensamiento en otro lado: lava, plancha y cocina, pero, además, le encanta ir a caminar, a mirar vidrieras, no sé muy bien dónde. Estoy centrada en mí y en ella. Mamá va soltando mi mano y eso no me gusta, me enoja. Tal vez va hablando con la abuela, tal vez mirando ropa o adornos de porcelana, que le fascinan, pero yo me sigo centrando en su mano: la aprieto y ella la va aflojando. ¡No me sueltes! le grito con rabia y se la vuelvo a apretar con más fuerza. Seguimos caminando y la situación se repite una y otra vez. Ya no le hablo, simplemente le voy apretando la mano enojada y a veces me pongo a llorar. Me quejo todo el tiempo y no disfruto el paseo, solo quiero seguir caminando al lado de ella bien agarrada de la mano.
Alejandra Busconi
5/2/2021
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