Ese tema me pegó fuerte. Yo era una adolescente que profesaba el amor y
la paz de Gandhi y John Lennon y no podía creer semejante aberración. Mis
padres y yo siempre pensábamos que, si Dani hubiese sido un muchacho apto para
el servicio militar, lo habrían reclutado. Recuerdo que durante los primeros
días no podíamos dormir. Nos levantábamos muy temprano: mamá se sentaba frente
a papá a tomar mate y ambos escuchaban en silencio una radio de Uruguay donde
no había censura. Yo me levantaba angustiada y llorábamos los tres.
Vivíamos frente al Liceo Militar de General San Martín. Veíamos salir camiones
y camiones llenos de “chicos”, soldados, de no más de dieciocho años, hacia
Comodoro Rivadavia. Un ex alumno de mi colegio había sobrevivido al hundimiento
del General Belgrano. Fue muy impresionante porque lo hicieron caminar enyesado
frente a todo el alumnado y lo tuvimos que aplaudir. Me pareció patético. Yo me
largué a llorar. Sentía vergüenza ajena. Siempre fue un tema muy doloroso del
que no se habló más.
En el año 2005, mi hija había terminado el CBC en la facultad de
Sociales y estaba comprometida con el país. Buscaba su destino ideológico. Nos
encantaba ir a ver películas históricas. Por esa época, se estrenó la película
“Iluminados por el fuego”, realizada por un ex combatiente de Malvinas. El
final nos pareció tan pero tan triste, que Dalila y yo nos pusimos a llorar
amargamente. Nos quedamos sentadas en las butacas, abrazadas sin consuelo,
hasta que cerraron las cortinas de la pantalla. No podíamos reaccionar. Luego
fuimos a un barcito y seguimos llorando. Emprendimos la vuelta y viajamos en
silencio con los ojos hinchados. Una vez en casa quisimos comentar la película,
pero no pudimos. Volvimos a llorar.
Alejandra Busconi
28/3/2025
Me trae muchos recuerdos tristes tu relato. 😟
ResponderBorrarMuy triste!
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