martes, 1 de abril de 2025

Una película muy triste

 


Corría el año 1982, más precisamente, el mes de abril. Yo estaba por cumplir diecisiete años. Había ocurrido en el país una de las peores tragedias de la historia argentina: el general Galtieri, le declaraba la guerra al Reino Unido por las Islas Malvinas.

Ese tema me pegó fuerte. Yo era una adolescente que profesaba el amor y la paz de Gandhi y John Lennon y no podía creer semejante aberración. Mis padres y yo siempre pensábamos que, si Dani hubiese sido un muchacho apto para el servicio militar, lo habrían reclutado. Recuerdo que durante los primeros días no podíamos dormir. Nos levantábamos muy temprano: mamá se sentaba frente a papá a tomar mate y ambos escuchaban en silencio una radio de Uruguay donde no había censura. Yo me levantaba angustiada y llorábamos los tres.

Vivíamos frente al Liceo Militar de General San Martín. Veíamos salir camiones y camiones llenos de “chicos”, soldados, de no más de dieciocho años, hacia Comodoro Rivadavia. Un ex alumno de mi colegio había sobrevivido al hundimiento del General Belgrano. Fue muy impresionante porque lo hicieron caminar enyesado frente a todo el alumnado y lo tuvimos que aplaudir. Me pareció patético. Yo me largué a llorar. Sentía vergüenza ajena. Siempre fue un tema muy doloroso del que no se habló más.

En el año 2005, mi hija había terminado el CBC en la facultad de Sociales y estaba comprometida con el país. Buscaba su destino ideológico. Nos encantaba ir a ver películas históricas. Por esa época, se estrenó la película “Iluminados por el fuego”, realizada por un ex combatiente de Malvinas. El final nos pareció tan pero tan triste, que Dalila y yo nos pusimos a llorar amargamente. Nos quedamos sentadas en las butacas, abrazadas sin consuelo, hasta que cerraron las cortinas de la pantalla. No podíamos reaccionar. Luego fuimos a un barcito y seguimos llorando. Emprendimos la vuelta y viajamos en silencio con los ojos hinchados. Una vez en casa quisimos comentar la película, pero no pudimos. Volvimos a llorar.


Alejandra Busconi

28/3/2025

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