EN
LA TIERRA DE VENTANIA
Muchas veces me pregunto en qué lejana
comarca se oculta el refugio donde encontrar al futuro amado. En qué puñado de
historia descubrir un nuevo tiempo para querer. En qué desembocadura tierna
recorrer una vida de presencias, de obstinados aciertos.
Reconozco que nuestros
destinos estuvieron demasiado tiempo ausentes, tal vez vivieron muchos momentos
de soledad y, con ellos, múltiples distancias.
¿Hacia dónde nos
llevan?
Una mañana primaveral,
después de muchas idas y vueltas, se concretó nuestra cita en tierras de
Ventania. Allí recorrimos itinerarios tempranos; la curiosidad nos inspiraba a
avistar los festivos revoloteos de pájaros de la comarca. El vergel serrano
encerraba un bullicio orquestal de suaves plumajes, rojos de llamas, amarillos
de luz y marrones veteados. Picos corvos, rectos, finos que se afanaban en
buscar su alimento.
El asombro compartido de ver al chimango
reclamar el solar de la tijereta. Macho y hembra carpinteros cavar el tronco
horizontal. La paloma montesa empollar paciente su cría. El mixto, trino agudo,
en espera. El benteveo y el hornero pasear. Multiplicidad alada, la nueva vida
nuestra.
Los aromos y los sauces balancean sus
copas. Los arroyos divagan bordeando la villa.
En ese solar único nosotros conquistamos
el encuentro, una nueva coincidencia, madura, ¿quizá tardía?
Entre charlas de hijos y deberes; de
cine y libros; de amores y desamores; del dolor de los años y los quebrantos.
Así fue la historia, así continúa
después de una veintena de años. Ahora más lenta, más pausada, morosa y
paciente.