viernes, 15 de marzo de 2024

Mes de marzo, homenaje a Dani III

 


Sorpresas del destino

 Mi amigo Diego, de la secundaria, era un chico muy acomplejado. Había sido gordo toda su infancia. A los catorce años le detectaron diabetes, entonces adelgazó y se convirtió en un muchacho flaco y alto. Encontraba en todos nuestros compañeros, incluida yo, los defectos más destacados, los recalcaba una y otra vez y todo lo que fuera diferente era motivo de burla, pero era el pibe más divertido y comprador de todos.

Tendríamos quince años cuando nos hicimos muy amigos y con algunas chicas y chicos íbamos a todos lados juntos, incluso ellos arreglaban para venir a mi casa, cosa que me hacía sentir halagada y querida porque ellos eran los populares de la clase. Pero había algo que me impedía disfrutar de esas visitas: mi hermano. A veces decía que no vinieran, otras veces me encontraba con ellos en la esquina o simplemente, algún que otro domingo, los recibía en el parque inventando que mi familia dormía la siesta. En realidad, me daba vergüenza mostrar a Dani. Siempre oculté y separé a mi hermano de mis compañeros de colegio. Nunca hablé de él y nadie me preguntaba. Inocentemente pensaba que nadie sabía de su existencia.

Era una tortura preparar salidas y reuniones. Recuerdo que siempre le daba vueltas y vueltas a la situación y me las arreglaba para que mi hermano nunca se cruzara con mis amigos. Mi culpa era enorme. Me sentía una porquería porque él era el ser más amable y amigable del mundo y le encantaba que viniera gente a casa. No festejé los quince por vergüenza. Cuando llegaron mis dieciocho hice dos fiestas: una para la gente que lo conocía y otra para mis amigos del colegio. Recuerdo que le supliqué a mis padres que no estuvieran esa noche y que Dani se fuera a dormir de mi abuela. Con el tiempo, no muy lejano de la secundaria, se me fue pasando y superé ese tormento. Me perdoné por lo que había sentido.

A mi amigo Diego no lo vi más. Unos años más tarde me enteré de que había tenido un hijo con Síndrome de Down. A aquel chiquito, que se burlaba de los defectos ajenos, el destino le traje un hijo diferente.

Alejandra Busconi

16/10/2020

 

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